¿Qué es la fatiga crónica? ¿Se trata de una enfermedad psicológica?

El síndrome de fatiga crónica es una enfermedad que se conoce en el ámbito médico como encefalomielitis miálgica. Las personas que la sufren viven con cansancio permanente, un estado de fatiga grave que afecta a sus actividades diarias y que también les genera problemas para dormir.

Como indica la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), esta enfermedad «llega a hacerse tan severa que obliga a reducir las actividades diarias al 50%». Un porcentaje que puede ser mayor en algunos casos. Lo más sorprendente es que aparece de manera repentina, a veces tras pasar por una enfermedad como la gripe.

En ocasiones, se ha relacionado la fatiga crónica con un problema psicológico. Esto es debido a que tanto la ansiedad como la depresión, por ejemplo, tienen entre sus síntomas el agotamiento o la falta de energía. Sin embargo, cuando se supera la ansiedad o la depresión, la fatiga desaparece. Por esto, no se puede considerar una enfermedad psicológica.

La Asociación SFC-SQM de Madrid ha definido la fatiga crónica como una enfermedad neuro-endocrino-inmunológica. Esta causa un agotamiento físico extremo, hasta el punto de que una persona puede sentirse cansada por el solo hecho de mantener una conversación con alguien.

Según algunos estudios, se afirma que «las mujeres son 4 veces más propensas a sufrir el síndrome de fatiga crónica, en un rango de edad que oscila entre los 40 y 50 años«. Esto no quiere decir que no pueda presentarse durante la niñez o adolescencia, aunque las probabilidades son más bajas.

La fatiga crónica presenta una sintomatología que es necesario que se mantenga durante un periodo de seis meses para que se pueda confirmar el diagnóstico. Además, la FESEMI apunta que la enfermedad «puede persistir meses o años, y desaparece sin ningún tratamiento».

Algunos de los síntomas que recogen los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) son los siguientes:

Todos estos síntomas pueden causar problemas de memoria. Por ejemplo, es común que no puedan pensar rápido, tengan dificultades para recordar cosas (similar a lo que ocurre en la primera fase de la enfermedad de alzhéimer) o que se les pasen por alto bastantes detalles.

En otros casos, la FESEMI indica que pueden aparecer otros síntomas como dolor en las articulaciones, sensación de gripe que no remite o de fiebre. También, es posible que aparezca hormigueo en las extremidades.

Actualmente, no existe un tratamiento que permita ponerle solución a esta enfermedad, ya que ni siquiera sus causas están claras. Por esta razón, los médicos, tras el diagnóstico, suelen concentrarse en el tratamiento de la sintomatología que haya aparecido.

Incorporar nuevos hábitos de sueño, tomar medicamentos para poder descansar mejor y para paliar el dolor de las articulaciones, utilizar agendas o planificadores para complementar los problemas de memoria son algunas opciones.

En algunos casos, puede ser conveniente realizar alguna actividad física moderada como el yoga que ayude a mejorar el equilibrio y, por ello, reduzca las sensaciones de mareo. El objetivo es que el paciente mejore su calidad de vida.

Como la fatiga crónica es una enfermedad rara que, en ocasiones, puede confundirse con un síntoma de la depresión, ansiedad u otro trastorno psicológico, todavía «el 90% de las personas […] no ha recibido diagnóstico», según los CDC. Una enfermedad que suele sufrirse en silencio.

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